Menu Principal:
EDITORIAL
08 – 02 – 10
En Guatemala, nadie está por encima de la Justicia...sólo el que paga.
Cuando veo salir por la
televisión o leer en los diarios las declaraciones de muchos personajes de
la farándula política en nuestro país que repiten como loros lo que dijo el
Jefe de la CICIG, Carlos Castresana, con respecto
a la detención del ex -presidente Alfonso Portillo: “No hay nadie superior a
la ley”, no me queda más que sonreír con cierta mezcla de socarronería y
lástima.
Lo de Portillo no es más que una conspiración política. La oligarquía de
este país, tan rancia, atrasada y rencorosa jamás le perdonó el
enfrentamiento que aquel les hizo desde el gobierno. Había que darle una
lección tarde o temprano.
Pero eso hay que verlo dentro del marco del apriete de tuercas que el
Imperio ha venido ejerciendo en parte de su patio trasero que creía que se
le escapaba también de su influjo.
Honduras era la chica rebelde que se había salido de su “protección” y había entablado relaciones más íntimas con la peligrosa ALBA, liderada por la Venezuela del “loco Chávez”. Eso con la figura de un finquero, terrateniente, Manuel Zelaya, que dentro del marco liberal quería propiciar ciertas reformas en su país, jamás una revolución. Así que, tras auspiciar el golpe de Estado que la volviera a su docilidad anterior (banana republic), hoy regresa a su “normalidad” con la imposición de Porfirio Lobo, hijo legitimo del golpe de Estado. Acción con la que inauguró el aseguramiento de su zona de dominio y autoridad.
México bajo el control de su corrupta casta de hampones con Calderon a la cabeza y su guerra interna disfrazada de guerra contra el narcotráfico, está asegurado. El Salvador, sin la fuerza suficiente para hacerle frente al Imperio so pena de sufrir un golpe similar al de su vecina Honduras, ahora con el nefasto precedente de impunidad que el nuevo presidente apuntaló con la amnistía a todos los involucrados en él, no quiere saber nada de relaciones internacionales más allá de las que tenga con los gringos y sus pares centroamericanos que no presentan peligro alguno, mucho menos, rebeldía.
Costa Rica, cuyo servil
gobernante fue el comodín en el rompimiento constitucional en Honduras,
sigue ostentando el mote de la “Suiza de América” de la que dudamos sea por
su democracia, sino por ser paraíso
fiscal para el juego de los grandes capitales. Panamá, con Martinelli a la
cabeza es uno más de los secuaces del Imperio. Nicaragua por tanto ha
quedado rodeada y solo la entereza de su pueblo supondrá un baluarte para
evitar que el Imperio complete las fichas de su dominó.
El gobierno de Guatemala, con las condiciones adversas que le provocó la
novela Rosenberg, ha vuelto al redil. Nada de Petrocaribe, mucho menos de
Alba. Al contrario, reconocimiento inmediato al hijo del golpe hondureño,
Porfirio Lobo, a instancias de la cúpula del CACIF. Un recule en
planteamiento original de la Reforma Fiscal y una salida salomónica al caso
Rosenberg, el cual se cerró de una forma por demás mágica. Los otrora medios
que encabezaron la turba linchadora pidiendo la cabeza de Álvaro Colom,
Sandra Torres y otros altos funcionarios, ahora felicitan unánimemente a
Carlitos Castresana por su “estupenda y brillante” investigación que dio
como resultado que fue el “pobre diablo” Rosenberg el único culpable de su
propia muerte por ser él mismo el que pagó a sicarios para que lo
asesinaran.. Esos mismos, que en sus editoriales y a través de sus
columnistas, pedían desaforados que se investigara de inmediato y
prioritariamente el caso, hoy que la CICIG terminó la pesquisa con su
versión telenovelesca de ese asesinato, ni siquiera dieron un compás de
espera, sino desbocados por el malinchismo, la orden, o la ¿paga?, o las
tres cosas a la vez, pasaron por alto lo que el mismo procónsul español
dijo: es un sapo que es difícil de tragar pero que hay que tragar. O sea, es
una barrabasada pero es la barrabasada que queremos que crean. Y, así es
como se le pone fin a la telenovela Rosenberg. ¿Para que seguir investigando
si ya ésta se selló a nivel mediático?
Pero ese desenlace tuvo precios colaterales: exculpar a todos los implicados
de la burguesía, incluso los que ayudaron a llevar el “suicidio” a buen
puerto, Mario David García y Luis Mendizábal, los cuales, paradójicamente no
están sentados a la par de los “once” sicarios que por no ser parte de esa
clase sino pobres, los refundirán en la cárcel. Bien dicen los muchachos que
en Guatemala “nadie está por encima de la justicia”.Solo los que pueden
pagar.
Por otro lado, la
implicación de los hermanos Valdés Paiz, prófugos de la justicia, quienes, a
pesar de estar acusados de haber sido los autores intelectuales del crimen
de su “querido primo” no les han buscado con la
misma diligencia como se buscó a Portillo. Probablemente estén lejos
disfrutando de la seguridad de otro país o muertos. Empero eso, quiero
seguir creyendo en lo que dicen los “expertos” con Castresana a la cabeza
quienes lanzan al viento la consigna: “Nadie está por encima de la
justicia”. Y, otra, la última de esas condiciones, la entrega de Portillo
para cuyo éxito, los rencorosos empresarios tuvieron que ir a pedir cacao a
Estados Unidos para que este país les ayudara a elevar el nivel de la
acusación pues acá su justicia era incapaz de ganar, para quienes, el premio
mayor sería la extradición. Con eso conseguirían dos cosas: la una, vengarse
de las afrentas que el gobierno de Portillo les infringió durante su mandato
al privarlos de muchos jugosos negocios y la otra, más peligrosa aún para
ellos, sus partiditos y por supuesto, sus amos, sacarlo del ring electoral
de una vez por todas.
Esto, debido a que aquel ya estaba haciendo campaña política en el interior del país donde tiene una gran simpatía. Esto no lo digo yo sino las encuestas telefónicas que se han hecho en emisoras prestigiosas del país. La gente lo recuerda porque durante su período, según los cientos de entrevistados, la canasta básica no sufrió de alzas inmoderadas que concluido éste, experimentaron de nuevo; la seguridad era mayor y el beneficio a muchas comunidades pobres se hizo sentir. No obstante, todo eso fue borrado de tajo por el gobierno siguiente, el de Berger, con su medida inmediata y premonitoria de lo que le esperaba a la gran mayoría: el alza del azúcar para tratar de recuperar el nivel de ganancia que habían perdido él, familiares y amigos durante los cuatro años de gobierno portillista. Eso es real, lo pueden consultar los que se dignen de avezados en cualquier informe estadístico oficial de esos años.
Por esa posibilidad, remota
quizá, de que otro “populista” se erigiera con el triunfo en un país que es
clave para los gringos, estos accedieron a “ayudar” a sus mayordomos. Y de
nuevo los medios, con sus editoriales y
columnistas, agitan la posibilidad de la extradición como una condición que
tiene que darse aún sobre las leyes y la soberanía del país. Para ellos, eso
no existe, sino solo la orden-petición de una corte lejana pero que está en
Estados Unidos. Eso es suficiente.
Muchos dirán que estoy a favor del ex -presidente. Pero no. Yo estoy a favor
del principio de que la justicia debe estar sobre cualquiera. Cuando esto
sea cierto tendrán que dilucidarse en los tribunales los crímenes de guerra
y de lesa humanidad por los cuales están libres y tranquilos muchos
militares en activo y en retiro así como muchos civiles, entre los que se
cuenta Donaldo Álvarez Ruiz por quien el gobierno de Guatemala ni siquiera
ha movido un dedo para pedir su extradición de Estado Unidos. ¿Será que los
gringos actuarían con la misma premura con la que actuaron las autoridades
guatemaltecas ante la petición de una corte de Miami, al solicitarles nos
envíen para juzgar a ese siniestro personaje? Yo lo dudo.
Ea, pues. La recomposición de fuerzas en el continente no es más que una
arremetida del Imperio y la derecha continental ante el peligro del avance
de la izquierda. Para ponerle la tapa al pomo, el terremoto en Haití, ya sea
controlado por los gringos o por la naturaleza, les ha abierto una buena
posibilidad a estos para posicionarse militarmente en un país que es vecino
de su archienemiga Cuba. Además les da la oportunidad de realizar un pingüe
negocio: el de la reconstrucción de esa nación, así como de llevarle la
“civilización” que tan acremente los negros se niegan a aceptar so pena de
perder sus raíces culturales. Por supuesto, que esas son sus mezquinas e
individualistas intenciones muy ajenas de la solidaria y desinteresada ayuda
que los pueblos y gobiernos del mundo dan a ese pueblo sufrido. Sin embargo,
por esas mezquindades imperiales, el peligro de la guerra está presente.
Nuestros chambres locales
son solo un reflejo de esas contradicciones a nivel continental y mundial,
porque cuando los elefantes pelean, las hormigas mueren aplastadas. No
obstante las hormigas, precisamente porque
somos las perdedoras en todo esto, necesitamos estar alertas y activas para
impedir a toda costa la violencia y la conflagración hemisférica. Queremos
la paz.
A pesar de todo, quiero seguir creyendo que algún día nadie estará por sobre
la justicia, especialmente los genocidas del Norte a quienes se les debe
entablar juicios por crímenes de guerra y lesa humanidad. Muchos de ellos
debieran de ser extraditados para ser juzgados en nuestros países donde
inflingieron muerte, dolor y lágrimas a muchas familias. El caso más
patético y emblemático es el del terrorista cubano-venezolano Luis Posada
Carriles a quien el gobierno de Estados Unidos, a través de múltiples
acciones ilegales y leguleyas, protege, ante el pedido de extradición que
hizo el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.
“Nadie está por encima de la justicia”, es una bella frase que acá y acullá
es aún una utopía y no debiera ser utilizada demagógicamente por alguien que
no ha dilucidado nada aún en Guatemala.
Evelinda Reyes y sus
familiares siguen esperando justicia, los miles de masacrados en la guerra
genocida que el Ejército llevó contra las comunidades indefensas también.
Los miles que han caído abatidos diariamente
por largo tiempo siguen esperando que esa frase se haga patente en el
esclarecimiento de sus crímenes y no ser una estadística más. Por eso, es
una ofensa que esa frase sea utilizada triunfalistamente por alguien que
hasta la fecha no ha resuelto satisfactoriamente ningún crimen de alto
impacto, como lo hacen creer los medios a los lectores, incluyendo a
funcionarios y trabajadores de ONG’s que creen ciegamente en el papel de la
CICIG y que tienen una foto de Castresana en su escritorio.
Yo todavía, aunque muchos me consideren perdido en mis análisis, todavía
conservo mi derecho para ser suspicaz. He visto tantas veces a muertos
acarrear basura.
Lic. Carlos Maldonado